lunes, 7 de octubre de 2013

Lección 4.4 La moda después de la guerra




Con la irrupción de la Primera Guerra Mundial y el nacimiento de una importante clase media, el mundo resquebrajado de fines del siglo XIX acabó por caerse en pedazos. La mujer salía de su hogar, tenía estudios, participaba del mundo del funcionariado y se liberó del corsé. Se necesitaba un tipo de prendas más prácticas y los modistos se decantaron por el traje sastre y el sujetador. Hacia principios de siglo surgieron los medios de comunicación necesarios para difundir las noticias sobre moda, y su campo de influencia se expandió rápidamente.

Las ilustraciones jugaron un papel muy importante en estas revistas, un buen número de artistas como Paul Iribe y Georges Lepape, hicieron que este período fuera considerado como la época dorada de la ilustración de moda.

En 1910 se había fundado la Cámara Sindical de la Costura Parisina, con el fin de controlar la programación de colecciones y evitar la proliferación de mercancías no autorizadas y de imitación. París establecía las bases de un sistema que le permitía conservar su hegemonía como centro de la moda.

En los años 20 la relación entre moda y arte se estrechó de una forma sin precedentes. Los diseñadores formaron equipo con artistas para hallar nuevas fuentes de inspiración. Los nuevos movimientos artísticos como el surrealismo, el futurismo y el art deco propusieron que todo el entorno de la persona, incluyendo la indumentaria, deberían estar en armonía, como una única manifestación artística. La colaboración de los artistas de vanguardia aportaron un diseño artístico radical a la indumentaria.

Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 puso freno a gran parte de la actividad de la moda. Las mujeres, que asumieron las tareas de los hombres en la sociedad y la industria durante el conflicto bélico, requerían prendas prácticas en lugar de trajes decorativos y complicados. 

La Primera Guerra Mundial aceleró los cambios en varios campos de la sociedad y cultura: un número cada vez mayor de mujeres con estudios superiores, la fascinación por los deportes, y el uso generalizado de los automóviles, direon lugar a un nuevo estilo de vida. En consonancia con ese estilo las mujeres usan cada vez más a diario el traje sastre. Pero esto aun convive con las creaciones propias de los modistos de alta costura que, fieles al espíritu del Modernismo, proponen para la mujer un canon de belleza combinación de elegancia y opulencia. La silueta en forma de “S”, requiere seguir usando los incómodos corsés.




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